martes, 10 de noviembre de 2015

La Mosca Soldado y El Sueño de Julianson: un cordón umbilical que une la narrativa de Marcio Veloz Magiollo.


Por Jeannette Miller

Todos conocemos a Marcio Veloz Maggiolo, indiscutiblemente el novelista vivo más importante de nuestro país, y uno de los intelectuales más completos de nuestra historia literaria. La cantidad de novelas, cuentos, poemas y ensayos que ha publicado, lo califican como un autor prolífico que no descansa en el oficio de la escritura, alcanzando altos niveles que le han valido premios importantes  dentro y fuera del país. 
En 1967, Marcio escribió la que se considera primera novela experimental en República Dominicana: Los Ángeles de Hueso. Desde entonces, el escritor marcó las claves de lo que sería su narrativa larga: trasgresión de tiempo y espacio; diálogos en que se insertan permanentemente los recuerdos; tiempo circular en que pasado, presente y futuro, son una sola cosa; prosa poética donde la belleza de las imágenes te sacan del hilo, para que luego el autor te agarre y te meta de vuelta en lo que él propone como argumento; manejo de un léxico culterano con voces arcaicas, técnicas, históricas, arqueológicas, populares, y otras inventadas por  él, en un ejercicio de libertad creativa que sólo asume un escritor seguro de lo que hace, y por lo tanto, es capaz de abrir las compuertas que separan lo lógico de lo ilógico.
En esta ocasión me toca presentar dos libros del mismo autor – La mosca soldado y El sueño de Juliansón- un reto nada fácil, pues ambas novelas, aunque diferentes, tienen muchos puntos en común:
1.Las dos se desarrollan alrededor de los trabajos arqueológicos que se hacen en un cementerio indígena.
2.Las dos proponen que esos esqueletos corresponden a almas que vuelven en distintas épocas y de maneras distintas, a continuar una especie de karma o a ejercer la libertad que se han ganado durante la vida, formando parte, como seres intangibles, de la existencia de los que creen y hasta de los que no creen.   
3.Las dos trabajan un diálogo permanente; en el caso de La Mosca Soldado, dentro de una estructura epistolar, donde el uso del vocativo actúa como   dinamizante
4.En ambas novelas, la presencia protagónica de un amigo (Eduardo en una, Julianson en la otra) con quien el autor comenta, discute, afirma, se dice y se desdice, propone al personaje como un alter ego de Marcio.  
Una diferencia importante es que los cementerios se encuentran en zonas geográficas distintas: uno en el Este de la isla –El Soco, San Pedro de Macorís- y el otro en el centro del Cibao -La Vega-.
Pero la diferencia esencial consiste en el tratamiento del lenguaje, que en El sueño de Julianson alcanza un ritmo desenfrenado, incluyente, circular, denso… que es el verdadero sustento de la novela.
Hablemos primero de La Mosca Soldado.  
El título semeja una frase surrealista, principalmente a las personas no familiarizadas con el vocabulario de los arqueólogos.
En un libro de 238 páginas, exceptuando las dos moscas cristalizadas que Eduardo lleva de regalo al arqueólogo para motivarlo a contar la historia alterna de las excavaciones en El Soco, la primera vez que se menciona la mosca soldado es en la página 150. Sinceramente, ya yo me había olvidado de ella, capturada por el hilo de acontecimientos inverosímiles, que van surgiendo según avanzan los trabajos arqueológicos en un cementerio indígena ubicado en el casi desaparecido pueblo de El Soco, donde  el cadáver de una muchacha púber y de un niño recién nacido en posición ritual,   habían sido enterrados vivos como parte de esos sacrificios propiciatorios que aparecen en las historias de los grupos humanos de las primeras edades, siempre conectados al alimento y por lo tanto, a la supervivencia.  
Todo esto, acontecido en el S. X después de Cristo, se va enriqueciendo con las características culturales y las creencias de un pueblo pesquero, que daba nombres de personas a los elementos que formaban su ecosistema.  
Allí vive una vieja vidente, Feltrudis, que antes de las primeras excavaciones dijo que debajo de esa tierra estaba enterrada una “princesa”; esa misma vieja discriminaba las predicciones, según vinieran de la cultura Española o de la Africana.  
Todo lo dicho envuelve al jefe de la expedición, profesor de arqueología,  en una niebla de misterios, que a ratos entiende ayudado por la ciencia, pero que en otros momentos sumergen al arqueólogo en una dramática obsesión, pues se ha enamorado de la “princesa”: entiéndase, de un esqueleto ubicado en el siglo X de nuestra Era. El profesor confiesa que “cuando termina la ciencia, comienza la poesía” y es a base de la belleza conmovedora de sus descripciones que el lector va penetrando un lago quieto y transparente similar a la muerte.
 “seleccionábamos un nombre con el color de la luna, venido en vuelo sobre los estratos culturales de nuestra mente, acostumbrada a mezclar la leyenda griega o romana, con la biografía de un pasado posterior, como era el siglo X
 de nuestra era…” escribe.
Drama y belleza, perseguir lo inalcanzable, encontrar el sentido de la vida en cosas comprobables y no comprobables, ayudan al autor a confirmar lo que ha planteado en libros anteriores: sus creencias esotéricas, la justicia encontrada después de la muerte, casualidades que no son casuales, sino el cordón de una historia subyacente que no se registra en los libros.
Tendríamos que recordar que los textos clásicos de la literatura y de la historia antiguas, primero existieron de oídas pasando de boca en boca, hasta convertirse en las versiones que conocemos.   Basta el ejemplo de la Ilíada y la Odisea, fijadas en papiros en el siglo II A de C por mandato de Aristarco, un sabio gramático y filólogo, Director de la Biblioteca de Alejandría,  que vio la necesidad de preservar de una manera histórica relevante, los poemas homéricos, que venían caminando de plaza en plaza en boca de los aedas, desde que el griego ciego las compuso y cantó por vez primera, seis siglos antes.
Los datos obtenidos de estudios anteriores sobre los indios Arawak, se pasean desde Venezuela, Perú, Brasil…  hasta el Smithonian, buscando versiones que digan ¿qué había sucedido realmente en ese enterramiento…? Y entonces, ahí viene la mosca soldado como clave del seguimiento de la historia, por ser la que sobrevive en las osamentas después de desaparecida la carne.
Esencialmente, y según afirma el científico Solares, el padre Las Casas, se había equivocado cuando afirmaba que en el proceso de fermentación de la masa de guáyiga se movían grandes gusanos que indicaban que la masa estaba lista para su cocción. Sinembargo, al repetir el experimento los investigadores observaron que esos grandes gusanos tenían como forma de torpedos y que de algunos salían moscas negras, así que los gusanos eran las larvas de la mosca soldado, lo que explicaba que la tumba de la “princesa” y las otras del cementerio indígena estuvieran rodeadas de moscas.
La mosca soldado es una novela que tiene muchas lecturas. Desde las remembranzas y testimonios de la época en que el narrador-protagonista inicia la amistad con Eduardo, el alumno-amigo que actúa como su alter ego, hasta las inserciones de su familia hoy; como Nora, su mujer, la de la voz musical y los estímulos para que escribiera el libro; y muy especialmente, su nieto Augusto Adrián, el que no teme a los murciélagos y quiere criar un par a base de leche condensada, y al que se propone como el continuador del oficio del abuelo.
La historia de los asentamientos indígenas arawaks y taínos en la isla y su intercambio de culturas, que propone el uso de la guáyiga fermentada y luego cocida, como sustituto del casabe en algunas zonas, resulta el gran eje temático, como descubrimiento de un alimento nuevo que conllevó nuevas relaciones económicas y culturales.
Pero si urgamos en la historia, ésta se teje alrededor de un científico enamorado de un esqueleto, con una obsesión tal, que el estímulo de sus investigaciones no es más que el interés de conocer la historia de su amada. Algunos podrían clasificar esto como necrofilia; sinembargo, el escritor trata esa difícil situación, con una delicadeza tal, que empalma con su afición por Mozart y por los boleros de Cuty Cárdenas, que aparecen, estos últimos, en una segunda etapa, luego de terminadas las excavaciones.  
Naturalmente, que este hallazgo del nuevo alimento, acarrea sacrificios a los dioses; en este caso, el sacrificio lo forma una mujer y un niño enterrados en posición ritual, y con restos de guáyiga dispuestas como decoración, descubrimiento que da pie a la novela.
Pandora, el nombre asignado por Eduardo a la “princesa” indígena, corresponde a la mitología griega. El poeta Hesiodo afirma que es el nombre de la primera mujer, a quienes los dioses hicieron perfecta y dieron una caja, prohibiéndole abrirla; este símil justifica muchos detalles de lo encontrado en la tumba: como la vasija con la mata de guáyiga, -en la antigüedad griega, caja de Pandora, conteniendo las bondades y males que definirían a la humanidad-.
Pero, el autor limpia el nombre de Pandora-esqueleto con sus delirios de belleza y virginidad, con sus penas de que había sido enterrada viva en ofrenda, por haber conseguido su pueblo, un nuevo alimento de subsistencia. -
Y así describe el cadáver: Pandora tenía una dentadura egregia, completa, brilante… de una candidez pasmosa, pasmosa… era una sonrisa total, sin labios, era un poema... Surrealista y moderna, me recordaba algunos versos de Eluard y de Prevert.
Y no es de asombrarse que el arqueólogo sufriera raptos de locura en un paraje, como El Soco, donde una cerdita bebía cerveza y se le asociaba con el dueño del bar, un niño mellizo y retrasado, tocaba de oídas la flauta y la ocarina, mientras que su abuelo, pescador de tiburones, había perdido una pierna por la mordida de un escualo y la tenían enterrada debajo de una palma  llamada La Conquistada, donde los murciélagos acampaban a pleno día, mientras  el anciano negaba que esa fuera su pierna y pasaba el tiempo en su silla de ruedas, acechando al tiburón que casi se lo come, para matarlo.
Asmismo, como si respondiera a los delirios del profesor arquelólogo, Pandora cobra vida en una joven hetaira de la década de 1950, que muere en un fuego del prostíbulo donde trabajaba, embarazada de un poderoso de la Era de Trujillo.
Marcio cierra la novela con una cita del dominico Padre Las Casas, insigne relator y defensor de los indígenas, que confirma la historia cuando escribe en su Apologética Historia de Indias:
“Por todas las dichas mesas de lajas o peñas y entre ellas, se crían unas raíces que no las hay en toda esta isla, estas raíces se llaman guállagas y hacen dellas pan que comían por toda esta provincial los indios…  Hácese el pan de esta manera,  en unas piedras ásperas como rallos las rallan, como quien rallase un nabo o zanahoria…    y sale masa luego blanca y hacen della unos globos o bollos redondos, tan grandes como una bola, los cuales ponen al sol,  uno y dos y tres días, y al cabo dellos, se hinchen de gusanos como si fuese carne podrida y quedan…   tan negros, poco menos que una tizne…   después que ya están en esta disposición, negros y herviendo de gusanos tan gordos como piñones, hacen una tortilla dellos, que ya es masa cuanto a la blancura y ser correosa como la de nuestro trigo…   Y este es el pan de aquella tierra y provincial. Y si se comiese antes que se parase prieto y no estuviese lleno, o con algunos muchos gusanos, los comedores morirían.”
Excelentemente escrita, con historias diferentes que se entrecruzan,  alusiones a épocas distintas, convicciones peregrinas llenas de poesía, Marcio Veloz Maggiollo teje La mosca soldado dominando una  narrativa difícil y ambivalente,   poblada de magia y de misterio.
Él mismo afirma: “Lo que estoy haciendo es cerrar una aventura de amor y de tragedia.”

Sinembargo, en la novela El Sueño de Julianson, la aventura, el amor y la tragedia, están presentes de otra manera.  En esta ocasión, el homo ludens que existe dentro del autor  juega con una prosa desenfrenada que es capaz de engañar al más advertido por las increíbles asociaciones que plantea.  
Sin dejar a un lado la visión existencial que presentan sus obras anteriores, en tan solo 127 páginas, El sueño de Juliansón, logra un planteamiento totalitario de la vida y de los sueños que la animan, de la belleza y lo grotesco, de la mentira y la verdad, de la vida y de la muerte, de la realidad y el mito, a través de dos personajes que entablan un diálogo que abarca toda la novela.
Uno de ellos, Julianson Omelet, alto, grueso rimbombante al hablar, rico habitante de Cutupú, zona que hoy pertenece al Distrito Municipal de La Vega, y que fue   habitada en tiempos de la colonización por aborígenes,  proyecta su visión del universo y de las cosas, a través de ideas filosóficas y esotéricas, vastos conocimientos de historia, arquitectura,  biología,   religión, costumbres y mitos, que le permiten armar una trama de deducciones y suposiciones mágicas y contradictorias, entremezclando realidad y leyenda.
Por otro lado, su interlocutor, arqueólogo “desenterrador de sueños”, a quien Juliansón bautiza con el nombre de Arconte, -que en la antigua Grecia era sinónimo de mando o dirigencia- es, además de personaje narrador, historiador e investigador, quien sigue los métodos técnicos y científicos aprendidos en las universidades, para sustentar el conocimiento.
Ambos hacen amistad y el arqueólogo, al oír los primeros discursos de Julianson, los considera llenos de locuras y disparates que lo sorprenden, pues provienen de un hombre sorpresivamente culto, que incluso cuenta, entre los múltiples títulos adquiridos, el de criptógrafo.
Dueño de tierras del Cibao, su obsesión es proteger el cementerio indígena (Coaybay o cielo de los muertos), que afirma está dentro de su propiedad y donde se mantienen vivas las almas de los indios, de sus enseres y animales.  
Ambas posturas producen un diálogo delirante entre las historias mágicas de Juliansón y las comprobaciones científico-históricas del arqueólogo.
En la defensa de las almas que no han muerto llamadas opias y que vivían en el subsuelo de su propiedad, Julianson recurre a referencias culteranas que comprueba el arqueólogo: desde el brahamanismo indú precedido por los Vedas; del Gilgamesh, primer libro del que se tiene noticia, cuando  menciona tos textos de la Biblia judía y sus nexos con la cultura babilónica; igualmente, los escritos de Fray Ramón Pané, Bartolomé de Las Casas, Lope de Vega, Rudyard Kipling, Rausseau, Flanmarión, Pascal y otros grandes de la física, la biología, la literatura, el esoterismo… que resulta imposible mencionar aquí.
 En su proceso de confirmación, el arqueólogo  agrega las opiniones de autores nacionales como  Fradique Lizardo (a quien llama Radique Luxaris para desviar envíos maléficos), Manuel Mora Serrano, Magín Domingo, Carlos Esteban Deive, Lepe, Bernardo Vega, Juan Bosch, y muchos más, quienes probablemente sirvan de mejor soporte a las realidades comprobables o no, del sueño de Juliansón.
Y en este devenir de interpretaciones, cada personaje va definiendo su ser, sus motivos existenciales, que concluyen en que Dios está en todas las cosas y que todas las cosas tienen alma.
De forma que Julianson se refiere a  garzas que cantan a Vivaldi, a perros con sarna de oro, a ciguapas que bailan con los merengueros de monte adentro, y también acompañan, desde antaño, a Opiyelguobirán, el dios indígena con cuerpo de perro y cabeza de hombre, en su escondite de siglos. Igualmente insiste a su ascendencia aborigen, oculta en un falso escudo de armas que afirma que el apellido Omelet (que significa tortilla en inglés) pertenece a una rama del árbol genealógico que registra a los descendientes de Isabel La Católica; y en Oguí, su compañera en sueños, mujer de piel brillante hecha de reflejos, de quien esperaba tener hijos.
La física cuántica, la teoría del Big Bang, la inversión del tiempo, o no tiempo, son confirmados por Julianson Omelet con la existencia de las opias (almas de los muertos indígenas que continúan vivas en otro nivel y que se esconden para no ser destruidas mediante clasificaciones científicas); con el perro llorón de doña Murga, registrado también como El Huidor, a quien Juliansón había puesto el nombre de Admiridonte y al que tenía como al mismo Opiyelguobirán, dios perro de los indígenas, afirmación que se basaba en que el animal nunca dejaba que le vieran el rostro, arrinconado en los lugares más oscuros de la casa de doña Murga -ciguapa que lo acompaña y protege desde siglos-, tapándose la cara con las dos patas delanteras.
Todo este meollo de mentiras, pero también verdades, son conectadas por el arqueólogo con  piezas del Museo del Hombre -asas de vasijas con esculturas de ranas celestiales que simbolizaban la fertilidad, cemíes con cuerpos de perros y rostros humanos-, pero ante todo, esa verdad que él había intuido siempre: que todas las cosas tienen vida permanente, tienen alma, que sólo se transforman para defenderse de la violencia y la depredación; y ahí recordaba a los budistas cuando afirmaban que matar una hormiga era un asesinato, y a las guerras, que ayudaban a los humanos a progresar con tecnologías de muerte.
El hecho es que el arqueólogo se deja ganar por los sueños  de Julianson, específicamente cuando él mismo tiene un sueño-pesadilla sexual con Oguí, la mujer en sueños de Julianson, y, al mismo tiempo, Julianson vive el sueño igual que él.
 A partir de entonces, no se sabe dónde termina uno y comienza el otro en el afán de encontrar la verdad, ya sea en restos arqueológicos verificables, en los textos que describen similitudes de distintas épocas o en sueños llenos de símbolos y de imagines: “La piel de una iguana podía contener un alfabeto e historias de lo que fuera el pasado geológico. Toda vida…podía narrar el secreto inscrito en su pálpito”, afirmaba Julianson.
Nos atrevemos a afirmar que en esta novela Marcio Veloz Maggiolo supera lo escrito con anterioridad. Su tratamiento del tema, que se desarrolla a base de inserciones y recuerdos reiterativos, citas de autores universales con los que se identifica, y afirmaciones que tratan de definir su visión de la existencia, nos lo presenta de una manera distinta y rotunda, que cada vez más utiliza recursos innovadores.
Estamos ante la obra de un escritor sabio, maduro, seguro de sus inseguridades, permanentemente abierto a nuevos conocimietos y verdades, que mediante la técnica del diálogo disfraza el monólogo que excluiría el “parto de ideas”, o lo escondería en un solo discurso.
Su amplia cultura le permite navegar por puntos extremos de la historia, atando cabos que amarran al planeta, acercando los distintos procesos humanos y sociales.
La creación del personaje Juliansón Omelet, difícil por las características que lo definen: increíblemente culto, sensible, soñador, mentiroso, inventador… creador de una realidad que no existe, pero que sí existe en él; resulta un aporte a los caracteres que protagonizan su literatura anterior, y actúa -como ya dijimos- como el alter ego de Marcio -el arqueólogo-, que a base de sistematización y lógica trata de entender lo ininteligible.
Ambos son hijos del autor, y en la dialéctica que surge de sus afirmaciones encontramos las variables de una sola voz, un solo pensamiento, un solo espíritu, “ tratando de explicar aquel pasado que no se dejaba manifestar, sino en formas de pensamiento atrapadas en los objetos por sus creadores y que iban desde las pruebas sin prueba alguna, a la inexplicación de un tiempo historizado por la carga de la imaginación”.
Su escritura densa, podría calificarse de barroca o mágica, que es el término con que los latinoamericanos - y en especial los caribeños - metemos en un saco los textos que rebasan la imaginación. Pero Marcio, que ha conocido muchas épocas, también lo hubiera escrito en los tiempos de Píndaro, el poeta griego que cantaba a la belleza y agredía el poder, en medio de los grandes despligues atléticos de las primeras Olimpíadas, con versos perfectos, que no todos entendían.
Sabio, poeta, creyente… Marcio se supera a sí mismo con un estilo desenfrenado donde la trama se anuda, de deslíe, se devuelve, se repite, pero siempre avanza, penetrando realidades que nos dejan perplejos.
Sinembargo, la valoración de esta novela no se colma en una forma que se detiene en cada párrafo, obligándote a pensar, a reflexionar, a cuestionarte…
Un hilo de agua que refleja el viento siendo luz, agarra la mano de Marcio y lo lleva a escudriñar la esencia de la vida, que es la muerte, para negarla en su condición de olvido, y afirmarla en ese registro de la memoria que pervive.
Al final del libro el autor establece: “Dejo en estas líneas verdades que otros debieran escudriñar, porque a mis años el cansancio demuele las ideas y porque a veces creo que convivo con restos de pasados que se producen dentro de mi propia intemporalidad y bailotean en mi interior, buscando propiciar aventuras nuevas”.
De mi parte, quiero decir que yo, que vengo de vuelta de muchas cosas, he aprendido a buscar el descanso en la luz divina, y desde esa casi inmovilidad que Dios me ha otorgado, festejo cada día, celebrando las inmensidades de su creación.
Por eso, quiero terminar con las palabras de Juliansón cuando afirma en el libro:
”Cuando ves un animalillo luminoso titilar, está enviando un mensaje estelar de vida que algún día entenderemos…  Esa lucecilla recorre el universo y nunca muere…  son como trocillos de luz del universo inicial encarnado…  ganándole, con su brillo, la batalla a la muerte”
Jeannette Miller
Santo Domingo, 12 de agosto de 2015















martes, 27 de octubre de 2015

J e a n n e t t e M i l l e r. Bibliografía activa. 2015.


Libros, catálogos y revistas
1. El viaje. Poemas. Separata de Cuadernos Hispanoamericanos, Instituto de Cultura Hispánica, Madrid, 1967.
2. Fórmulas para combatir el miedo. Poemas. Editora Taller. Santo Domingo,  1972.
3. “Artes plásticas”, Enciclopedia Dominicana. Santo Domingo, 1976.
4. “Introducción al catálogo Cuarta Exposición Individual de Ángel Haché en Casa de Teatro”. Catálogo. Santo Domingo.11 de noviembre de 1977.
5. Gilberto Hernández Ortega o la trascendencia de un universo mágico y poético. Ediciones Galería de Arte Moderno, Santo Domingo, 1978.
6.Visión histórica de la plástica dominicana hasta 1950. Publicación 37 aniversario del Banco de Reservas. Sin año y sin número de página. Santo Domingo.1978.
7. Guión cinematográfico para la película El mundo mágico de Gilberto Hernández Ortega.   Cinemateca Nacional. Santo Domingo. 1979.
8. Historia de la pintura dominicana. Santo Domingo, Ediciones Banco de Reservas de la República Dominicana, Santo Domingo.1979.
9. “Antonio Prats Ventós y la conquista de las formas”. Artículo en Geomundo. Miami. Julio 1980.
10. “La plástica desgarrante de los años 50 y 60”. Catálogo Contemporary Dominican Art. Octuber 6-November 6, 1981. Signs Gallery. New York, 1981.
11. Ortografía., Amigo del Hogar, Santo Domingo 1981.
12. “José Vela Zanetti en la pintura dominicana”. Catálogo Vela Zanetti: La obra dominicana de Vela Zanetti 1939-1981, Galería de Arte Moderno/Fundación José Antonio Caro Álvarez. 1ro. de octubre - 1ro. de noviembre de 1982. Santo Domingo. 1982.
13. Guía de la Galería de Arte Moderno. Catálogo. Santo Domingo, Ediciones Galería de Arte Moderno, 1982.
14. Arte dominicano desde la Independencia. Libro-catálogo. Ediciones Galería de Arte Moderno. Santo Domingo, 1982.
15. Paul Guidicelli: Sobreviviente de una época oscura. Ediciones Galería de Arte Moderno. Santo Domingo, 1983.
16. Redacción. Amigo del Hogar Santo Domingo. 1983.
17. Fernando Peña Defilló: Desde el origen hacia la libertad. Ediciones Galería de Arte Moderno, Santo Domingo, 1983.
18. “Espantapájaros del Sur”, en Díaz, Polibio, Espantapájaros del Sur. Editora Corripio. Santo Domingo. 1984.
19. Fichas de identidad/estadías. Poemas. Editora Taller, Santo Domingo.  1985.
20. “Sobre la materia y el espíritu”, en Peña Defilló, Fernando, Sobre la materia y el espíritu (catálogo correspondiente a la muestra individual del mismo nombre presentada en la Galería de Arte Moderno). Amigo del Hogar. Santo Domingo, 1980.
21. Fernando Peña Defilló: Mundos paralelos.libro-catálogo. Ensayo en  Poesía. Ediciones Galería de Arte Moderno, Santo Domingo, 1985.
22. Paisaje dominicano: pintura y poesía. Ediciones Empresas BHD, Santo Domingo.1992.
23. “Apuntes sobre la abstracción en las Antillas del Caribe Hispano”. Plástica, revista de la Liga de Arte de San Juan. Año 15, Vol. 1, Núm. 21. San Juan, Puerto Rico, Septiembre 1993. EN AMBAS LISTAS
24. “El carnaval de Santo Domingo”, en Díaz, Polibio, Imágenes de carnaval, Miami, Vista Color.Miami .1993.
 25. “Poesía y pintura dominicanas: una relación que permanece”. Ensayo en Ponencias del Primer Congreso Crítico de Literatura Dominicana., Editora de Colores, Santo Domingo. 1994.
26. “Noemí Ruiz y su espacio en el tiempo”. Revista Homines. Universidad Interamericana de Puerto Rico. San Juan, 1996.
26. “La pintura de Noemí Ruiz: color, ritmo y luz tropical. “ Revista Homines. Universidad Interamericana de Puerto Rico. San Juan, 1996.
27. “An Approach to Dominican Art 1920-1970”. Modern and Contemporary Art of the Dominican Repúblic.” Libro-catálogo. Sullivan, Edward; Miller, Jeannette; Tolentino, Marianne y Ferrer, Elizabeth., Americas Society y The Spanish Institute. New York 1996.
28. José Rincón Mora, Munich, 1996.
29. Arte dominicano, artistas españoles y modernidad: 1920-1961. Libro-catálogo., Ediciones Centro Cultural Hispánico e Instituto de Cooperación Iberoamericana, Santo Domingo 1996.
30. Noemí Ruiz y la poesía visual del Trópico. Borinquen Lithographers Corp., Carolina, Puerto Rico. 1996.
31. “Arte dominicano: 1944-1997”, en Identidad, órgano informativo del Museo de Arte Moderno. Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, 1997.
32. Gaspar Mario Cruz: poeta de las formas. Ediciones Último Arte, Santo Domingo, 1997.
33. “Art in Dominican Republic: 1844-2000”. Latin American Art in the 20th Century. Londres, Phaidon Press Limited, 1996 / Madrid, Editorial Nerea, 1998.
34.“República Dominicana: arte del siglo XX”. En Arte latinoamericano y del Caribe al umbral del siglo XXI, Libro-catálogo. UNESCO,  París, 1999.
35. “Domingo Batista: esencia y monumentalidad del paisaje dominicano” en  Domingo Batista: fotografías dominicanas. Catálogo UNESCO, Consejo Presidencial de Cultura, Santo Domingo. 1999.
36. Fernando Peña Defilló. Vistacolor, Miami, 2000.
37. Cuentos dominicanos (antología). Edición, selección y prólogo. Colección Letra Grande. Coedición UNESCO y Editora Popular, París-Madrid. 2000.
38. Murales dominicanos. Coedición Consejo Presidencial de Cultura-UNESCO. Santo Domingo. 2000.
39. “Because Death is This Feeling”. (“Porque la muerte es esta sensación de nada y de vacío”.) The Best of Callaloo Poetry. Special 25th Anniversary Issue. Vol. 24, Nbr. 3 University of Virginia, 2001.
40. Arte dominicano: 1844-2000. Pintura, dibujo, gráfica y mural. Colección Cultural Codetel. Amigo del Hogar, Santo Domingo, 2001.
41. Tesoros de arte del Banco Popular Dominicano. Ediciones del Banco Popular Dominicano, Santo Domingo, 2001.
42. Cuentos de mujeres. Cuentos. Editora Cole. Santo Domingo. 2002.
43. “Arte, globalización, el miedo dinamizante y la respuesta contestataria”, ensayo en Globalización. Nomadismo. Identidades. Documento de la VII Bienal Internacional de Cuenca. Monsalve Moreno Editores, Ecuador, 2002.
44. Arte dominicano: 1844-2000. Escultura, instalaciones, medios no tradicionales y arte vitral. Colección Cultural Codetel. Amigo del Hogar, Santo Domingo, 2002.
45. “Entre la sobrevivencia y el miedo: mujer, literatura, globalización y disidencia”.  Ensayo en la revista  Xinesquema No 3. Santo Domingo, abril 2003.
46. “Carnaval de Sodoma”,  Ensayo en la revista   Xinesquema, No. 3. Santo Domingo, abril 2003.
47. “Presentación Catálogo Cuarto Concurso Fotográfico Internacional Wifredo García de Casa de Teatro”. Santo Domingo, 3 de diciembre de 2003.
48. “Fredy Miller, realidad y leyenda”, Ensayo0000000 en la revista   Xinesquema, No. 5, Santo Domingo, octubre 2004
49. “Arte dominicano e identidad: espíritus eclécticos”, Ensayo en la revista   Revista Global. Fundación Global Democracia y Desarrollo. Vol. 1, No. 3 Santo Domingo, octubre/diciembre 2004. EN AMBAS LISTAS.
50. “Igneri Foundation: Pottery as Identity”. Revista Ceramics Technical, No. 19. Australia, 2004.
51. “Thimo Pimentel”. Revista Arte al día internacional. Miami, 2004.
52. “Sobre Ligia Minaya y su particular forma de recordar”. Confluencia. Revista Hispánica de Cultura y Literatura, Universidad de Northern, Colorado. 2004.
53. “Papeles del Ozama. Ese extraordinario artista que se llama Domingo Liz”. Revista Artes en Santo Domingo. Año 3, Núm. 11. Santo Domingo, julio/ septiembre, 2004.
54. “Nicole Sánchez y sus imágenes que se diluyen en el tiempo”. Presentación al catálogo de su VI muestra individual La disolución del tiempo. Museo de Arte Moderno, Santo Domingo, 2004.
55. “La mujer en el pensamiento dominicano”. Ensayo en la revista Xinesquema ?. Presentación a la puesta en circulación del libro Pensantes de Ángela Hernández. Editora Cole. Santo Domingo. 2004.
56. “Mujer”. Introducción al libro Mujer, de Nicole Sánchez y Giovanna Bonnelly. Ediciones Mercasid, Santo Domingo. 2004.
57. “El Quinto Concurso Fotográfico Internacional Wifredo García en Casa de Teatro”. Catálogo Santo Domingo, 15 de diciembre de 2005.
58. Magia y verismo del blanco y negro en el arte fotográfico de Max Pou”.En el catálogo Cien veces Max. Publicaciones Centro León. Santiago de los Caballeros, 2005.
59.” Domingo Batista: asombro, parpadeo, esplendor, paisaje, luz…” Domingo Batista XL. Publicaciones Centro León. Santiago de los Caballeros, 2005.
60. La mujer en el arte dominicano. Ediciones Banco del Progreso Dominicano, Santo Domingo, 2005.
61. Fredy Miller: realidad y leyenda. Edición, selección y prólogo., Colección del Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo. 2005.
62. La vida es otra cosa. Novela. Alfaguara, Santo Domingo, 2005.
63. María Ugarte: textos literarios. Edición, selección y prólogo. Colección del Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 2006.
64. Importancia del contexto histórico en el desarrollo del arte dominicano. Cronología del arte dominicano: 1844-2005. Ediciones de la Secretaría de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (SEESCYT). Santo Domingo. 2006.
65. “El inconsciente racial dominicano o la dicotomía de un pueblo negro que se piensa blanco”. Prólogo al libro de José Aníbal Cruz, El inconsciente racial dominicano, Amigo del Hogar, Santo Domingo, 2006.
66. “La lectura como liberación e identidad: importancia de los autores nacionales”. Conferencia pronunciada en la Fundación Corripio el 6 de noviembre del 2008. Areíto. Periódico Hoy.Santo Domingo. 2 de agosto, 2008.
67.“Rescatando la poesía nacional con la Colección Pensamiento Dominicano”, en Colección Pensamiento Dominicano, tomo I: Poesía. Publicaciones del Banco de Reservas, Santo Domingo, 2008.
68. “Norberto James Rawlins: La patria portátil”, en la revista Afro-hispanic Review.Vol. 27, Nbr 2 Nashville, Vanderbilt University. Nashville 2008.
69. A mí no me gustan los boleros. Cuentos. Colección Punto de Lectura. Santillana, Santo Domingo, 2009.
70. Textos sobre arte literatura e identidad. Colección del Banco Central de la República Dominicana. Santo Domingo. 2009.
71. Historia de la Fotografía Dominicana (2 tomos). Colección Centenario Grupo León Jimenes. Santo Domingo.  2010
72. ”La Mañosa: una excelente fotografía del siglo XX dominicano.” En el libro Dos coloquios sobre la obra de Juan Bosch. Colección del Banco Central de la República Dominicana. Santo Domingo. 2010.
73. “El exilio republicano español y sus aportes a la modernidaad en el arte dominicano”. El exilio republicano español en la sociedad dominicana. Seminario internacional, marzo 2010. Comisión Permanente de Efemérides Patrias, Archivo General de la Nación, volumen CXIII; Academia Dominicana de la Historia, volumen LXXXIX. Editora Búho. Santo Domingo.   Marzo, 2010.
74.”República Dominicana: arte y arquitectura: 1844-2000”. Historia del Caribe.
Capítulo 16. Instituto de Historia, CCHS (CSIC). Madrid, España. 2010.

75. Polvo eres. Poemas Colección del Banco Central de la República Dominicana. Santo Domingo. 2013.
76. El corazón de Juan. Cuento. Banco León. Santo Domingo, 2013.
77. La verdadera historia de María Cristo. Cuento. Santillana. Santo Domingo, 2015.

78. Hombrecito. Cuentos. Santillana. Santo Domingo, 2016.

lunes, 13 de agosto de 2012

Tráfico


Los viejos pescadores acechan al borde de la playa.
El sol casi se oculta hacia otras latitudes.
Dentro de media hora vendrán los traficantes.
Muchos hombres habitan detrás de sus colmillos.
¡Cuánto cielo se hunde!

 Poema de Jeannette Miller

lunes, 6 de febrero de 2012


Lunes


Cada mañana
al levantarme
inicio el camino hacia la muerte.
Antes de perforar el día con mi cara disconforme
lloro un poco.
Luego
procedo a ejecutar con desconcierto el aseo,
la puesta de la ropa,
el peinado,
el desayuno,
salgo.
Bordeo esquinas desbaratadas en infinitas partículas  de luz,
el aire me golpea la frente,
un penetrante olor a podredumbre me vuelve a la desdicha.
En las cunetas
latas de basura todas volteadas
definen largas curvaturas tristes,
hasta los pozos de lluvia en mi país son turbios, hediondos,
sin darme cuenta
penetro el vientre palpitante de cualquier automóvil
y me siento heroína,
entonces paso a recontar los árboles que ya sé de memoria
y que alivianan con colores y formas el duro pavimento,
un golpe seco me avisa que he llegado,
empujo la puerta,
estoy dentro,
sonrío tratando de ser agradable, inofensiva,
que no me teman,
que no conozcan mi odio, mi hastío, mi tristeza,
comienza la jornada.

Del libro Fórmulas para combatir el miedo (1972)










jueves, 1 de diciembre de 2011


Palabras de Jeannette Miller en el lanzamiento de Cuentos de Mujeres, 

Gracias a Dios porque nos permite estar hoy aquí. Gracias al Grupo Santillana en la persona de Ruth Herrera por relanzar este libro que para mí significa mucho. Gracias inmensas a Luis Martín Gomez, excelente escritor y periodista, que ha demostrado conocer los intríngulis de Cuentos de Mujeres mejor que yo. Gracias a Yanela Hernández, a quien vi crecer en el arte y que hoy leerá algunos de mis cuentos. Gracias a Verónica Sención por recibirnos de nuevo en este Foro Pedro Mir. Y gracias a todos ustedes por acompañarnos en este intento de hacer algo positivo.
Los mejores momentos de mi niñez se dieron alrededor de mis tías abuelas, las Otero, quienes vivían contando cuentos. Algunos eran sobre asuntos familiares; otros, inventos que iban surgiendo mientras subía la noche y nos cubría la claridad de la luna creando una atmósfera de espíritus y fantasmas que eran los protagonistas de narraciones insólitas, no exentas de situaciones jocosas y de verdades sangrientas que nunca pude comprobar.
Mi padre era cuentista, quizás ese fue otro referente de mi vocación.
Cuando entré a la adolescencia comencé a escribir poemas impulsada por la necesidad de decir cosas que no se podían hablar durante el régimen de Trujillo. La poesía era capaz de esconder o metamorfosear mi rechazo a la dictadura, el dolor por el asesinato de mi padre y otras circunstancias que marcaron mi primera juventud, llenándola de tristeza, oscuridad y miedo.
Al mismo tiempo apuntaba ideas sobre personajes que me impresionaban y a los que imaginaba en ambientes y situaciones distintas. Sin darme cuenta  estaba escribiendo cuentos, pero no les hacía mucho caso.
 No fue sino con el paso de los años que me entró la necesidad de terminarlos. Era la urgencia de establecer un puente a través de hechos, situaciones y personajes que me resultaban significativos. Era dar poco a poco la historia de mi vida en las experiencias de otros que,   de una manera u otra, me tocaban.
Cuentos de Mujeres, que en realidad significa “cuentos hechos por mujeres”. Son los cuentos que se cuentan entre hijas y madres, tías y abuelas, vecinas y amigas y que   forman parte de un mundo visto por mujeres, con sus perspectivas y puntos de vista, con sus enfrentamientos y valentías, con sus risas y sus burlas; pero también, con sus dramas, sus odios y temores.
Son mujeres que cuentan lo que padecen para desahogarse, para definirse, para defenderse, para comunicarse, para que las entiendan, y para poder lograr apoyo y solidaridad. Son mujeres de ayer y de hoy, unidas en el enfrentamiento de un mundo que no las favorece, y que en la mayoría de los casos las abusa, para luego condenarlas al  fracaso.
Por un lado,  veremos protagonistas, tanto masculinos como femeninos, atrapados en sitaciones de oscuridad como el desempleo y el hambre, y sumidos en la ambición, en el autoritarismo, y en la discriminción. Pero también conoceremos mujeres y hombres que logran sobrevivir por su  amor a los demás, por querer lograr la rectitud, lo bien hecho, aunque sea a base de sacrificios; y aquí entran especialmente las madres que quieren entender a sus hijos, establecer puentes con ellos derrumbar el muro generacional para poder advertirlos.
El libro incluye mujeres violadas, engañadas, discriminadas, al borde de la locura…  aunque las situaciones que ellas viven les quedan cortas a los niveles de abuso contra la mujer que nuestra sociedad actual permite, y que nos deja cada vez más perplejos.
Sí, en un contexto de violencia general como el que vivimos, la mujer es el último eslabón de la cadena.
Una mujer no puede decir a un hombre que lo va a dejar porque la mata, y en el peor de los casos la mata con sus hijos, que también son de él. Y al oír los detalles de lo acontecido descubrimos que ella había puesto querellas ante las autoridades por amenazas y maltrato, por golpes y fracasados intentos de asesinato, Y al hombre, sí, lo habían apresado, pero para soltarlo a los 60 días, por lo que al salir fue directamente y con más  rabia, a realizar el crimen que no había podido perpetrar.
En Cuentos de Mujeres aparecen conatos de las situaciones que acabamos de enunciar, pero el libro también presenta momentos de bondad, de belleza y de verdad, que son los que equilibran y justifican la existencia. Hombres y mujeres buenos y considerados; hombres y mujeres fieles; hombres y mujeres que arriesgan su vida por los demás; éstos junto al amor incondicional de las madres, la atención a los envejecientes, la fe en Dios, van creando un oleaje de situaciones que se alejan y se acercan logrando una dinámica similar a la vida.
Antes de terminar quiero repetir que en un mundo como el de hoy, donde se ha perdido la ternura, pero, sobre todo, la esperanza, deseo de todo corazón que estos Cuentos de Mujeres ayuden al lector a redescubrir y valorar su potencial de amar y perdonar, y sobre todo, lo ayuden a revivir esa espiritualidad que todos tenemos escondida, de manera que a la hora de escoger, podamos decidirnos por ese esplendoroso camino de luz que siempre tenemos en frente.